miércoles, 25 de abril de 2018

Tenía Razón



Del atardecer recuerdo la lluvia,esa misma que golpeaba mis sentidos.
No esperaba nada bueno,pero tenia que saltar.
Era atreverme a sentirme débil, indefensa y llena de sueños.
Era apostar a mi corazón.
Ese día ,todo fue apostar al corazón.
La abuela decía que cuando la lluvia tapaba el sol en un momento inolvidable, era buen augurio. Decía que nuestros ángeles lloraban cuidándonos ,que bajaban a la Tierra para hacernos saber, que solos nunca estamos.
Ese día no tuvo razón, por el contrario, mis lágrimas se alzaron hacia el cielo clamando que el destino fuera benevolente.
No lo fue.
Hace un año volví a temblar como aquella noche de 1999, sentada en una escalera en el regazo de papá....aquel día mi abuela estaba luchando por su vida y me aferraba a ese hombre todopoderoso con la esperanza de que su fuerza contagiara mi cuerpo y alma.
Hace un año, empecé a temblar, y las paredes de ese restaurante se convirtieron en un refugio de un destino inevitable.
Ya no podía sentarme en las rodillas de mi viejo, esta vez, era él ,el que estaba luchando por su vida y yo suplicando a mis ángeles que ese día no fuera inolvidable.
Entendí que la esperanza tiene el antónimo más cruel de todo un diccionario.
Entendí que nada es para siempre, que las rodillas fallan, que los siempres, son momentos y que los viejos son mortales.
Después de un año, el dolor sigue ahí, recordándome que esa lluvia eran las lágrimas de sueños perdidos.De momentos que no vendrían ni en mil días.
Fue el principio de amaneceres sin luz, de noches sin dormir y de las palabras más dolorosas sin decir.





A.N.G.O.C.Z

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 El Adiós se piensa mucho tiempo antes de decirlo