Del
atardecer recuerdo la lluvia,esa misma que golpeaba mis sentidos.
No
esperaba nada bueno,pero tenia que saltar.
Era
atreverme a sentirme débil, indefensa y llena de sueños.
Era
apostar a mi corazón.
Ese
día ,todo fue apostar al corazón.
La
abuela decía que cuando la lluvia tapaba el sol en un momento
inolvidable, era buen augurio. Decía que nuestros ángeles lloraban
cuidándonos ,que bajaban a la Tierra para hacernos saber, que solos
nunca estamos.
Ese
día no tuvo razón, por el contrario, mis lágrimas se alzaron hacia
el cielo clamando que el destino fuera benevolente.
No
lo fue.
Hace
un año volví a temblar como aquella noche de 1999, sentada en una
escalera en el regazo de papá....aquel día mi abuela estaba
luchando por su vida y me aferraba a ese hombre todopoderoso con la
esperanza de que su fuerza contagiara mi cuerpo y alma.
Hace
un año, empecé a temblar, y las paredes de ese restaurante se
convirtieron en un refugio de un destino inevitable.
Ya
no podía sentarme en las rodillas de mi viejo, esta vez, era él ,el
que estaba luchando por su vida y yo suplicando a mis ángeles que
ese día no fuera inolvidable.
Entendí
que la esperanza tiene el antónimo más cruel de todo un
diccionario.
Entendí
que nada es para siempre, que las rodillas fallan, que los siempres,
son momentos y que los viejos son mortales.
Después de un año, el dolor sigue ahí, recordándome que esa lluvia eran
las lágrimas de sueños perdidos.De momentos que no vendrían ni en
mil días.
Fue
el principio de amaneceres sin luz, de noches sin dormir y de las
palabras más dolorosas sin decir.
A.N.G.O.C.Z