Estoy pensando qué hacer cuando las lloviznas de mi vida se
conviertan en relámpagos, truenos y
huracanes.
No puedo quitarme de la cabeza la posibilidad de que todo esto se convierta
en algún momento en un trampolín gigante, que me tiré una fuerza sobrenatural y
reventarme contra el piso.
Pero
también me estoy imaginando un paraíso cálido lleno de flores que me encandilan
con sus aromas, colores y por aquí, por allá aparecen luciérnagas que me hacen
querer atrapar esa lucecita que llevan consigo.
No
pretendo ser la chica más segura del mundo pero tampoco quiero ser una niña que
teme ser feliz.
Hoy
estoy temblando en una nube de algodón.
Siento
que me caigo. Siento que ese suelo me protege.
Me hace
sentir dulcemente amorosa.
Las
palabras cursis nunca fueron mi fuerte para admitir que era buena en ellas.
Pero a
veces…
Solo a
veces…
Esta
bueno levantar la mirada, mostrar mis ojos al mundo y decir serenamente : Soy feliz.
Ni más
ni menos.
Tengo
lo que quiero. Quizás muchas cosas deban mejorar.
Debamos
pulir el mundo en el que vivimos. Pero quien no tiene problemas?
¿Quién
no tiene que luchar contra pequeñas manchas de oscuridad en un día soleado de
alegrías?
No me
parece injusto, me parece REAL.
No creo
que degustar la felicidad me haga ser
adicta a ella
Nunca
fui buena para bailar bajo la lluvia. Ni para sonreír cuando las cosas salían
bien.
Pero me
siento bien con solo ver que eres feliz por mí.
Un
ratito más.
No
todos podemos ser felices. No todos tienen un motivo.
No
todos tienen la capacidad.
Has
logrado que mi alma sirva para que puedas ser feliz.
Me
siento utilizada del modo más benigno, apasionado y generoso que cualquier ser
podría imaginar.
Hoy tan
solo digo GRACIAS.
GRACIAS
por darme despreocupaciones…
Por no
darme dolores de cabeza.
Lágrimas
de soledad.
Silencios
que me hagan imaginar más incongruencias.
Gracias…porque
me haces vivir en libertad.
Agustina Noelia Galeazzi
_ 17 de Noviembre del 2011
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