González Catán,13 de Mayo del 2010
Tengo 20 años y durante mucho tiempo, firmemente me he aferrado a convicciones eclesiásticas, ya sea siendo católica, como luego uniéndome al estilo de vida evangélico. Desde que uno es niño te enseñan a creer que lo "normal" "natural" es tener un padre y una madre, ya sea por un rasgo cultural e histórico. Utilizan regularmente palabras como abominación, perversidad, antinaturalidad, enfermedad, entre otras, para identificar a la unión emocional y sexual de personas del mismo sexo. Se llenan las bocas, en nombre de Dios sobre cada una de estas cuestiones, mas yo quiero preguntar ¿por qué no luchan con tanta firmeza y pasión por los niños que viven en las calles? Homosexuales, bisexuales, transexuales, lesbianas, travestis y principalmente heterosexuales están preocupados buscando que se apruebe o no una ley a favor del matrimonio y adopción por parte de personas del mismo sexo, pero no hablan ni legislan sobre los niños que son vendidos al nacer, abandonados y refugiados en la calle y en el mejor de los casos en hogares del Estado donde tardan años para ser adoptados, y la mayoría de ellos crecen sin amor, sin valores, sin dignidad. Todos estos señores y señoras están mas preocupados sobre si existirá una ley para adoptar o no por personas del mismo sexo, pero nadie está a favor de cambiar las leyes de adopción para que dos personas, o una, no estén más de 5 años en listas de espera. Mis padres estuvieron diez años, sin resultado positivo. Yo no soy heterosexual, no soy bisexual, ni travesti, ni transexual, ni lesbiana ni gay, mucho menos católica, evangélica, judía, budista, yo hoy soy simple e inalterablemente una chica de 20 años que fui abandonada al nacer, dejada en brazos de extraños, a la salida del hospital Interzonal Dr. Diego Paroissien y tuve la bendición, la suerte de tener una familia.Pero esto no es justo. Esto sí, no debería ser natural. No hay ley actual que permita que aquellos niños que son adoptados ilegalmente tengan(tengamos) acceso a los archivos del hospital donde nacimos. Es decir, no tenemos acceso a nuestra identidad. Que maravilla que lleguemos los ciudadanos argentinos a dialogar sobre estas cuestiones tan polémicas e importantes, pero es como hablar de una conclusión sin entender las premisas. Hoy sigue siendo común falsificar actas de nacimiento y que en los hospitales se entreguen niños. Esto existe hoy.
Solo me queda preguntar algo: con tantos niños denigrados por sus progenitores al nacer, ¿todavía hay alguna duda que lo único que necesitamos es amor? Yo crecí sabiendo que tuve dos personas que lucharon por amarme, protegerme y enseñarme valores, mas nunca me llamó la atención si quien me daba ese amor era un papá y/o una mamá. Nunca me preocupó su orientación sexual, solamente agradecí la valentía de haberme dado una oportunidad e identidad moral. Algo que mi Estado me ha denegado. Espero con ansias el día que fijen la mirada en todos esos niños desamparados por la ley. Porque solamente el día que prioricemos a los niños, este país dará un salto a la integridad ética del mismo. Los niños son el futuro, pues el futuro de este país, es de niños sin identidad, sin valores, sin oportunidades de crecer en amor y por amor.
Agustina Noelia Galeazzi Sanz
A.N.G.O.C.S_AX

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